La Redención

Preludios de la Pasión:

        Conspiración contra el Salvador           

¿Cuál es el objeto del cuarto artículo del Símbolo? El objeto del cuarto artículo del Símbolo es la redención del género humano por la dolorosa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.

¿Qué cosas deben saberse tocante a la Redención? Dos principalmente: la historia y el misterio.

¿Qué efecto produjeron en el ánimo de los fariseos las predicaciones de Jesucristo? Heridos en su orgullo, los fariseos resolvieron dar muerte a Jesucristo.

¿Con qué ocasión llegaron a tal extremo? Con ocasión de la resurrección de Lázaro. Muchos Judíos, testigos de este milagro, creyeron en Jesús; entonces los pontífices y los fariseos se reunieron en consejo y en conformidad con el parecer de Caifás, decretaron la muerte del Señor. “Entonces los pontífices y fariseos juntaron consejo, y dijeron.. ¿Qué hacemos? este hombre hace muchos milagros. Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los Romanos, y arruinarán nuestra ciudad y la nación. En esto, uno de ellos, llamado Caifás, que era el sumo pontífice de aquel año, les dijo.. Vosotros no entendéis nada en esto, ni reflexionáis que os conviene el que muera un solo hombre por el bien del pueblo, y no perezca toda la nación” (Juan XI, 47-50).

¿Cuándo pensaban ejecutar esta sentencia de muerte? Después de la fiesta de Pascua; pues temían que se sublevasen los Galileas que en gran número concurrían a aquella solemnidad (Mat., XXVI, 3-5).

¿Cómo se anticipó la ejecución de sus designios? Por la propuesta que poco después les hizo Judas de entregarles a Jesús.

¿De qué modo el consejo de Caifás y la propuesta de Judas entraban en los designios de la Providencia? El sumo sacerdote ofrecía cada año el sacrificio de expiación por el pecado. Fue, pues, Caifás, pontífice de aquel año, quien designó e inmoló, en alguna manera, la víctima divina que debía satisfacer por los pecados de todo el mundo. Con su consejo fue, sin saberlo el instrumento de Dios; Judas, con su oferta, hizo que el divino Cordero fuese inmolado en el día fijado por la ley.

¿En qué circunstancias concibió Judas su inicua resolución? En Betania, cuando María Magdalena derramó, en casa de Simón el Leproso, un perfume de gran precio sobre los pies del Salvador. “¿Por qué, dijo Judas, no se ha vendido este licor en trescientos denarios de plata para darlos a los pobres?” (Juan XII, 5).

¿Era en verdad el cuidado de los pobres lo que hacía hablar así a Judas? No: “esto dijo,  no porque él pasase algún cuidado por los pobres; sino porque era ladrón ratero, y teniendo la bolsa, llevaba o defraudaba el dinero que se echaba en ella”  (Juan XII, 6).

¿Con qué palabras alabó Jesús la acción de la Magdalena?  Jesús respondió: Dejadla que lo emplee para honrar de antemano mi sepultura. En verdad os digo, que doquiera se predique este evangelio se celebrará también en memoria suya lo que acaba de hacer” (Mat., XXVI, 18).

¿Qué hizo Jesús al otro día de cenar en casa de Simón? Entró triunfante en Jerusalén, según lo habían predicho los profetas Isaías (Isaías LXII, 11) y Zacarías (Zac., IX, 9). “Mira que tu Rey vendrá a ti justo y salvador; él vendrá pobre y sentado sobre una asna, y sobre un pollino hijo de asna”.

¿Por qué quiso el Salvador hacer esta entrada triunfal en Jerusalén? Para mostrar a sus discípulos que era verdaderamente rey de Israel y que comenzaba su reinado de mansedumbre y de humildad, figurado por este modesto aparato con que entró en Jerusalén.

¿Qué significaban el asna del pollino? El asna, que había servido ya de cabalgadura, significaba la Sinagoga, que ha llevado a los profetas, cuyos escritos guarda todavía. El pollino, en el cual nadie había cabalgado aún, significaba la Iglesia, que no llevará jamás sino a Jesucristo con su Evangelio, en el que se ven cumplidas las profecías.

¿Cómo fue aclamado Jesús al entrar en Jerusalén? Jesús fue aclamado por el Mesías. La gente del pueblo que en gran número le precedía y seguía, extendía sus vestidos por el suelo, y arrancando ramas de los árboles, las esparcía gritando: Hosanna al Hijo de David” (Mat., XXI, 9) –  “Bendito sea el reino de nuestro padre David que vemos llegar ahora en la persona de su hijo” (Marc., XI, 10)  – “Bendito sea el que viene en nombre del Señor, el rey de Israel” (Juan XII,13).

¿Cuál fue la actitud de los fariseos? Se indignaron sobremanera y algunos dijeron a Jesús:  “Maestro, reprende a tus discípulos; mas Él les contestó: En verdad os digo, que si éstos callan, las mismas piedras darán voces” (Luc., XIX, 39-40). Era preciso que quedase probado que Jesús fue condenado a muerte por ser el Mesías.

¿Con qué sentimientos hizo Jesús esta entrada triunfal? Con sentimientos de tristeza y dolor, pues veía los espantosos males que pronto caerían sobre aquella ciudad culpable. “Al llegar cerca de Jerusalén, poniéndose a mirar esta ciudad, derramó lágrimas sobre ella, diciendo.. ¡Ah, si conocieses también tú, por lo menos en este día que se te ha dado, lo que puede atraerte la paz o felicidad mas ahora está todo ello oculto a tus ojos. La lástima es que vendrán unos días sobre ti, en que tus enemigos te circunvalarán, y te rodearán de contramuro, y te estrecharán por todas partes, y te arrasarán, con los hijos tuyos, que tendrás encerrados dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra; por cuanto has desconocido el tiempo en que Dios te ha visitado” (Luc., XIX, 41-44).

¿Adónde se dirigió Jesús inmediatamente? Al Templo, del cual arrojó por segunda vez a los vendedores, curando allí a los ciegos y cojos que se le acercaron.

¿Esta visita de Jesús al Templo tenía algún significado especial? Sí, porque como en este día se hacía la elección de los corderos que se habían de inmolar en la Pascua, el mismo Jesús se presentó a su Padre celestial como víctima por nuestros pecados.

¿Cómo se previno Jesús contra la malicia de sus enemigos? Durante el día, Jesucristo enseñaba en el Templo confundiendo a los escribas, fariseos y saduceos; y por la tarde, se retiraba a Betania, a casa de Lázaro, distante media hora de Jerusalén.

¿Por qué se iba Jesús todas las tardes a Betania? Para evitar que le dieran muerte antes de que fuese llegada su hora.

¿Qué anunció a sus Apóstoles el martes por la tarde, al volver a Betania? Les anunció1a próxima destrucción del Templo, la ruina de los Judíos, su segunda venida para el Juicio final y su muerte de cruz dos días después.

¿Dónde pasó el miércoles? Lo pasó en Betania en el silencio y la oración; en celestiales coloquios con los Apóstoles, con las santas mujeres que se consagraban a su servicio y con su bienaventurada Madre.

¿Qué hizo Judas el mismo día? Puso en ejecución el sacrílego proyecto que su avaricia le había sugerido, y fue a verse con los príncipes de los sacerdotes y los magistrados para tratar de la entrega de Jesús. “¿Qué queréis darme, les dijo, y yo le pondré en vuestras manos? Ellos se holgaron y se convinieron con él en treinta monedas a de plata” (Mat., XXVI, 15 y Luc., XXII, 5). ^

Celebración de la Pascua 

¿Qué Apóstoles fueron mandados a Jerusalén, la mañana del jueves, a preparar la Pascua? Pedro y Juan:  “Id, les dijo Jesús, a prepararnos lo necesario para celebrar la Pascua”. Dijeron ellos: “¿Dónde quieres que lo dispongamos?”. Respondióles: “Así que entraréis en la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua: seguidle hasta la casa en que entre, y diréis al padre de familia de ella: el Maestro te envía a decir: ¿Dónde está la pieza en que yo he de comer el cordero pascual con mis discípulos? Y él os ensel1ará, en lo alto de la casa, una sala grande bien aderezada: preparad allí lo necesario”. Idos que fueron, lo hallaron todo como les había dicho, y dispusieron la Pascua” (Luc., XXII, 8-13).

¿Por qué no mandó el Salvador a Judas, que estaba encargado de los gastos? Porque no quería que sus enemigos, introducidos por el traidor en la pieza donde se celebraba la Pascua, viniesen a turbar esta última cena en la que iban a cumplirse tantas maravillas.

¿Qué precaución tomó Jesús para ir al Cenáculo? Jesús no fue al Cenáculo hasta el anochecer, para que no lo vieran.

¿Cómo se celebraba la Pascua? Cada familia inmolaba un cordero sin mancha, de un año, lo asaban y comían su carne con panes ázimos y lechugas amargas, ceñidos los riñones, calzados los pies, con un báculo en la mano y en actitud de caminantes (Éxodo XII).

¿Qué disputa tuvieron los Apóstoles durante la Cena? Después que Nuestro Señor, según costumbre, hubo señalado su puesto a los convidados, discutieron sobre quién de ellos era el mayor.

¿Qué lección les dio Jesús? Una lección de humildad. Mas Jesús les dijo: Los reyes de las naciones las tratan con imperio; y los que tienen autoridad sobre ellas, son llamados bienhechores. No habéis de ser así vosotros, antes bien el mayor de entre vosotros, pórtese como el menor: y el que tiene la precedencia, como sirviente. Porque ¿quién es mayor, el que está comiendo a la mesa, o el que sirve? ¿no es claro que quién esta a la mesa? No obstante, yo estay en medio de vosotros como un sirviente” (Luc., XXII, 25-27).

¿Con qué admirable ejemplo acompañó Jesús esta enseñanza? Levantóse de la cena, tomó una toalla y se la ciñó, puso agua en un lebrillo y haciendo oficio de esclavo, lavó los pies a sus Apóstoles, y aun al mismo Judas, de cuyo corazón se había apoderado Satanás (Juan XIII, 1-17).

Además de la humildad ¿qué otras virtudes enseñó el Salvador en el lavatorio de los pies? 1º La pureza. “El que acaba de lavarse, dijo Jesús a Pedro, no necesita lavarse más que los pies” (Juan XIII, 10). Después del saludable baño del sacramento de la Penitencia, para participar de la San­tísima Eucaristía, sólo hay que purificarse, con el amor y la oración, de las faltas veniales que pueden manchar el corazón. 2º La caridad fraterna. Antes de recibir la Santa Comunión, prenda infinita del amor de nuestro Dios, ¿no es justo prestar a nuestros hermanos todos los servicios que reclama una cordial caridad?

Durante la Cena ¿qué conducta observó Jesús con Judas? 1º Para hacerle volver en sí, le recordó con una discreta alusión la profecía de David: Uno que come el pan conmigo, levantará contra mí su calcañar” (Juan XIII, 18). 2° Le dio a conocer su traición y le predijo las desgracias que entrañaba: En verdad os digo que uno de vosotros me hará traición… pero ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre será entregado; mejor le fuera al tal si no hubiese nacido. ¿Soy quizá yo, Maestro? Y respondióle Jesús: Tú lo has dicho” (Mat., XXVI, 21, 24, 25). Los Apóstoles turbados como estaban no se dieron cuenta ni de la pregunta ni de la respuesta. 3º Jesús dio a conocer a Juan quién era el traidor: “¿Señor quién es? Es aquel a quien yo ahora daré pan mojado y habiendo mojado un pedazo de pan, se lo dio a Judas Iscariote. Y des­pués, que tomó éste el bocado, se apoderó de él Satanás” (Juan XIII, 25-27).  

Institución de la Santísima Eucaristía 

Después de la Cena, ¿qué hizo Jesucristo en testimonio de su inmenso amor hacia los hombres? Instituyó la divina Eucaristía: “Sabiendo Jesús que era llegada la hora de su tránsito de este mundo al Padre, como hubiese amado a los suyos, que vivían en el mundo, los amó hasta el fin” (Juan XIII, 1). Los amó hasta el fin de su vida mortal, hasta el fin de los siglos; hasta el fin, es decir, todo lo que pueden el poder y la bondad de Dios.

¿Cómo instituyó Jesús la Eucaristía? Tomando el pan dio de nuevo gracias, lo partió, y dióselo a los Apóstoles, diciendo: Éste es mi cuerpo, el cual se da por vosotros; haced esto en memoria mía. Del mismo modo tomó el cáliz, después que hubo cenado, diciendo: Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre que se derramará por nosotros” (Luc., XXII, 19-20).

¿Qué poder confirió Jesucristo a sus Apóstoles con estas palabras: Haced esto en memoria mía? Les dio el poder de convertir el pan en su cuerpo y el vino en su sangre, como Él mismo acababa de hacerlo, a fin de que este cambio misterioso representase y continuase el sacrificio de la cruz que al día siguiente había de ser ofrecido.

¿Cómo era la cena eucarística, anticipadamente un verdadero sacrificio? En cuanto contenía los tres actos esenciales del sacrificio, a saber: la ofrenda, la inmolación y la comunión. 1º Jesús se ofreció a su Padre bajo las especies de pan y vino, conforme iba pronto a ofrecerse, víctima cruenta, en el Calvario. 2° Se inmoló místicamente por las palabras sagradas que separaban el cuerpo de la sangre: “Tomad y comed, éste es mi cuerpo; tomad y bebed, ésta es mi sangre” (Mat., XXVI, 26, 28). 3° Dándose en alimento a sus Apóstoles, les hacía participar de la víctima del sacrificio,

¿Por qué se inmoló el Salvador místicamente en el Cenáculo antes de inmolarse realmente en la cruz? 1° Para atestiguar que su inmolación era libre y espontánea; 2° para inaugurar el sacrificio eucarístico; 3° para enseñar a sus ministros, con su ejemplo, con qué religiosidad deben prepa­rarse a él, ofrecerlo y dar gracias.

¿Cómo terminaron la celebración de este santo misterio Jesucristo y sus Apóstoles? Rezando el himno de acción de gracias.  

Discurso de Jesús después de la Cena 

¿De qué fue seguida la institución de la Eucaristía? Del admirable sermón de Jesús a sus discípulos.

¿De cuántas partes consta el discurso de la Cena? De dos: la primera contiene las instrucciones de Jesús a sus discípulos en el Cenáculo; la segunda, las instrucciones que les dio yendo del Cenáculo al huerto de los Olivos.

¿Qué enseñanzas contiene la primera parte? 1° El Salvador da en ella a sus Apóstoles el precepto de la caridad fraterna. “Un nuevo mandamiento os doy, y es que os améis unos a otros; y que del modo que yo os he amado a vosotros, así también os améis recípro­camente” (Juan XIII, 34). 2º Predice la negación de San Pedro y la dispersión de los Apóstoles. “En verdad, en verdad te digo: No cantará el gallo sin que me hayas negado tres veces” (Juan XIII, 38) –  “Todos vosotros padeceréis escándalo por ocasión de mí esta noche y me abandonaréis” (Mat., XXVI, 31). 3° Les dio a conocer la íntima unión del Padre y del Hijo. ¿Cómo no creéis que estoy, en el Padre, y que el Padre está en mi? Creedlo a lo menos por las obras que yo hago” (Juan XIV, 11-12). 4º Les reveló la unión de las tres personas divinas con el alma cristiana. (Juan XIV, 20-26).

¿Qué enseñanzas contiene la segunda parte? 1° Con la alegoría de la viña, Jesús hizo comprender a los Apóstoles en qué consiste la vida cristiana. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos: quien está unido, pues, conmigo, y yo con él, ése da mucho fruto; porque sin mí nada podéis hacer” (Juan XV, 5). 2° Les enseñó los principales frutos de esa vida sobrenatural: El primero es el amor de Dios hacia el alma y del alma hacia Dios. Al modo que mi Padre me amó, así os he amado yo. Perseverad en mi amor. Si observareis mis preceptos, perseveraréis en mi amor; así como yo también he guardado los preceptos de mi Padre, y persevero en su amor” (Juan XV, 9-10). El segundo es el amor al prójimo. “El precepto mío es que os améis unos a otros, como yo os he amado a vosotros” (Juan XV, 12). 3° Les predijo que estarían expuestos alodio del mundo. “Si el mundo os aborrece, sabed que primero que a vosotros me aborre­ció a mí… Si me han perseguido a mí, también os han de perseguir a vosotros” (Juan XV, 18-20). 4º Les dio a conocer, la misión del Espíritu Santo. “Cuando venga el Espíritu de verdad, él os enseñará todas las verdades” (Juan XVI, 13). 5° Los consoló y alentó. “Volveré a visitaros, y vuestro corazón se bañará en gozo, y nadie os quitará vuestro gozo” (Juan XVI, 22).

¿Cómo terminó Jesucristo el sermón de la Cena? Alzando los ojos al cielo, hizo una admirable oración (Juan XVII), en que pidió a su Padre tres cosas principalmente: para sí, la gloria que le es debida; para los Apóstoles, la preservación del mal, es decir, del pecado, y la santificación en la verdad; para todos sus hijos, la gracia de la caridad fraterna, y una íntima unión, que sea entre ellos como la prolongación de la misma vida divina. ^

La Pasión

La agonía en Getsemaní

¿En qué lugar principió la dolorosísima Pasión de Jesucristo? En el huerto de Getsemaní, o de los Olivos, lugar muy conocido de Judas, el traidor. Adán, desobediente al mandato de Dios, causó en un jardín la ruina del género humano; en un jardín el nuevo Adán lo rescató con la triple protesta de obediencia a su Padre. Llegado al huerto ¿qué hizo Jesús? 1º Invitó a todos sus discípulos a orar. “Orad para que no caigáis en tentación” (Luc., XXII, 40). 2º Se adelantó algunos pasos con Pedro, Santiago y Juan, que quiso fueran testigos de su agonía.

¿Qué dijo Jesús a estos tres discípulos? Mi alma siente angustias morales: aguardad aquí, y velad conmigo” (Mat., XXVI, 38). Y apartándose de ellos a la distancia de un tiro de piedra, hincadas las rodillas, hacía oración, diciendo:  “Padre mío, si es de tu agrado, aleja de mí este cáliz. No obstante, no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Luc., XXII, 41, 43).

¿Correspondieron los Apóstoles a los deseos de Jesús? No: oprimidos por el tedio, y abrumados por la tristeza, se abandonaron al sueño. “Y esperé que alguno se entristeciese conmigo, y no lo hubo: y que alguno me consolase, y no lo hallé” (Salmo LXVIII, 21).

¿Qué hizo Jesús para excitarlos a velar y orar? Tornó tres veces a exhortarlos a todos, y en particular a Pedro. “Volvió después a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Es posible que no hayáis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación” (Mat., XXVI, 40-41).

¿Qué hacía Jesús mientras los Apóstoles dormían? Vuelto, hacia su Padre, le dirigía esta plegaria: “Padre mío, si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, hágase tu voluntad” (Mat., XXVI, 43).

¿Qué cáliz era éste que causaba horror al Salvador? Era sobre todo la repugnante hez de todas las iniquidades.

¿Por qué debía beber este cáliz? Porque se había ofrecido por víctima de nuestro rescate. “Dios por amor de nosotros ha tratado a aquel que no conocía al pecado, como si hubiese sido el pecado mismo, con el fin de que nosotros viniésemos a ser con él justos con la justicia de Dios” (II Cor., V, 21).

¿A quién envió Dios en socorro de Jesús? A un ángel que lo confortó (Luc., XXII, 43).

¿Fue grande el dolor que experimentó? Fue tal que entró en agonía, y  “vínole un sudor como de gotas de sangre, que chorreaba hasta el suelo” (Luc., XXII, 44).

¿Qué hizo Jesús después de su oración? Volvió a sus Apóstoles, y les dijo:  “Levantaos de aquí, y vamos, que ya el traidor está cerca” (Marc., XIV, 42).

¿Quiénes acompañaban a Judas? Algunos soldados romanos y siervos mandados por los pontífices, los fariseos, los escribas y los ancianos, provistos de linternas, hachas y armas, a los cuales se juntó una turba de gente armada con espadas y con palos.

¿Qué señal había dado Judas para conocer a Jesús? Les había dicho: “A quien yo besare, él es, prendedle, y conducidle con cautela” (Marc., XIV, 44).

¿Por qué les dijo Judas que lo llevasen con cautela? Porque sabía que su Maestro se había ocultado ya varias veces a sus furiosos enemigos, y no quería que Jesús escapase de sus manos, antes de recibir el precio de la traición. 

Prendimiento de Jesús 

¿Cómo se llegó Judas al Señor? Con apariencias de amistad:  “Maestro mío, le dijo, Dios te guarde, y lo besó” (Marc., XIV, 45).

¿Cómo acogió Jesús a aquel pérfido? Con divina benignidad, diciéndole:  “¡Oh amigo! ¿a qué has venido aquí?” (Mat., XXVI, 50) ¡Oh Judas! ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?” (Luc., XXII, 48).

¿En el momento de su prendimiento cómo mostró Jesús que era señor de los hombres y de las cosas? 1° Haciendo, con sola su palabra, retroceder y caer en tierra a los que venían para prenderlo; 2º curando a un siervo del sumo sacerdote, Maleo, a quien Pedro, tirando de la espada, cortó la oreja; 3° no permitiendo fuesen presos sus Apóstoles; 4° dando a entender a sus enemigos que no tenían sobre Él más potestad que la que quería darles (Juan XVIII, 6-10 y Mat., XXVI, 51-55). “Todos los días estaba entre vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis. He aquí vuestra hora y el poder de las tinieblas. Pero es necesario que se cumplan las Escrituras” (Marc., XIV, 49; Luc., XXII, 53 y Mat., XXVI, 56).

¿Qué hicieron los Apóstoles cuando vieron maniatado a Jesús? Todos huyeron, pero Pedro volviendo atrás, siguió a lo lejos al Señor, hasta el atrio del príncipe de los sacerdotes, con otro discípulo, que probablemente era Juan. 

Jesús en casa de Anás y Caifás 

¿Adónde llevaron primeramente a Jesús? Jesús fue llevado primero a casa de Anás, suegro de Caifás, que había sido también sumo sacerdote, hombre astuto y alma de la conspiración.

¿Por qué fue nevado Jesucristo a casa de Anás? Para satisfacer el orgullo de este pontífice rencoroso, y darle ocasión para arrancar de boca del divino Maestro un testimonio que permitiese al Sanedrín pronunciar la sentencia capital.

¿Sobre qué interrogó Anás a Jesús? Sobre sus discípulos y doctrina.

¿Qué le respondió Jesús? Respondióle que habiendo hablado públicamente a la gente, debía preguntar a los que le habían oído. “Yo he predicado públicamente delante  de todo el mundo… ¿Qué me preguntas a mí? Pregunta a los que han oído lo que yo les he enseñado” (Juan., XVIII, 20-21).

¿Qué significaba esta respuesta indirecta de Jesús? Que no reconocía competente a este pontífice, pues no tenía derecho de interrogarle jurídicamente.

¿Qué ultraje se hizo entonces a Jesús? Uno de los ministros del Templo le dio una bofetada, diciendo: “¿Así respondes tú al pontífice?” (Juan XVIII, 22).

¿Qué respondió el mansísimo Jesús?  Si yo he hablado mal, manifiesta lo malo que he dicho; pero si bien, ¿por qué me hieres?” (Juan XVIII, 23).

¿A qué tribunal envió Anás a Jesús? Anás hizo que llevasen a Jesús, maniatado como malhechor peligroso, al sumo pontífice Caifás, su yerno, a fin de ser presentado ante el Sanedrín.

¿Quién presidía entonces el Sanedrín? El sumo sacerdote Caifás, de la secta de los saduceos.

¿Por qué los enemigos de Jesús le hicieron comparecer ante el Sanedrín? Porque querían, para ocultar su odio inicuo, hacerle condenar como violador de la ley.

¿Cómo empezó el proceso? Con la deposición de multitud de testigos que los mismos jueces habían sobornado, Pero Dios permitió, para confusión de los fariseos, que no estuvieran acordes en sus testimonios.

¿Qué contradicción se nota en sus testimonios? Según uno, Jesús había dicho: “Puedo destruir el templo de Dios y reedificarlo en tres días”. Según otro, Jesús había dicho: “Destruiré este templo que ha sido hecho por mano de hombre, y en tres días reedificaré otro que no será fabricado por mano de hombres” (Mat., XXVI, 61 y Marc., XIV, 58). Además de esas discrepancias, los testigos no referían tal cual Él la había hecho la profecía de Jesucristo. Había dicho hablando de su cuerpo, verdadero templo de la divinidad: “Destruid, este templo y lo levantaré en tres días” (Juan II, 19).

¿Qué delito constituían las palabras de los falsos testigos? Una blasfemia contra el Templo, digna de ser castigada con la muerte.

¿Se convenció Caifás por estos testimonios de que Jesús era blasfemo? De ningún modo, porque sabía que Jesús había querido hablar de su resurrección, puesto que al siguiente día mandó avisar a Pilatos que el crucificado había dicho en vida: “Después de tres días resucitaré”.

¿Respondió Jesús a estas acusaciones? Aunque invitado por Caifás a justificarse, Jesús guardó silencio, como el cordero que se deja esquilar sin quejarse (Is., LIII, 7). Además era inútil responder a acusaciones que se destruían por sí mismas.

¿Qué hizo entonces Caifás para obligar a Jesús a hablar? Le dijo: “Yo te conjuro de parte de Dios vivo, que nos digas si tú eres el Cristo, el hijo de Dios” (Mat., XXVI, 63).

¿Cuál era el fin de esta intimación? Provocar una sentencia de muerte. Jesús se había declarado el hijo de Dios. Si negaba que era hijo de Dios, se le condenaba por impostor; si afirmaba, se le condenaba por blasfemo.

¿Qué respondió Jesús? Jesús afirmó su divinidad, y enseñó además a sus enemigos que, siendo hijo de Dios, se había hecho hijo del hombre. “Yo soy; y veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra de la majestad de Dios; y venir sobre las nubes del cielo” (Marc., XIV, 62).

¿Por qué no guardó silencio Jesús sabiendo que la afirmación de su divinidad le había de costar la vida? Jesucristo quiso responder a Caifás: 1° para enseñarnos a profesar sin rebozo nuestra fe y sin temor a las persecuciones; 2° para darnos ejemplo de respeto a la autoridad; porque aun cuando la ley fuese violada contra Él, quiso observar sus prescripciones, respondiendo a una interrogación que el supremo representante de la autoridad religiosa tenía derecho a hacer.

¿Qué conclusión sacó Caifás de la declaración de Jesús? Fingiéndose irritado, desgarró sus vestiduras en señal de horror, diciendo:  “Blasfemado ha. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? vosotros mismos acabáis de oír la blasfemia; ¿qué os parece? A lo que respondieron: Reo es de muerte” (Mat., XXVI, 65, 66).

¿Cómo fue tratado Jesús después de esta sentencia? Jesús fue entregado hasta la mañana a la brutalidad de la soldadesca y de los criados. Le escupían en la cara, le insultaban y le herían; le vendaban los ojos y le daban de bofetadas diciendo: “Cristo, profetízanos, ¿quién es el que te ha herido?” (Mat., XXVI, 58).

¿Cuál fue la mayor pena que experimentó el Salvador? La triple negación de San Pedro. El apóstol había seguido a su divino Maestro hasta el atrio del pontífice para conocer la decisión del Sanedrín. Una criada, acercándosele, le dijo: “También tú andabas con Jesús el Galileo. Pero él lo negó en presencia de todos, diciendo: Yo no sé de quién me hablas. Y saliendo él al pórtico, lo miró otra criada, y dijo a los que allí estaban: Éste también se hallaba con Jesús Nazareno. Y negó segunda vez, afirmando con juramento: No conozco a tal hombre. Poco después se acercaron los circunstantes y dijeron a Pedro: Seguramente eres tú también de ellos: porque tu misma habla te distingue. Entonces empezó a echarse sobre sí imprecaciones y a jurar que no había conocido a tal hombre. Y al momento cantó el gallo” (Mat., XXVI, 69-74).

¿Qué hizo Jesús para convertir a su infiel apóstol? Volviéndose el Señor dio una mirada a Pedro y Pedro se acordó de la palabra que el Señor le había dicho: Antes que cante el gallo, tres veces me negarás. Y habiéndose salido afuera lloró amargamente” (Luc., XXII, 61, 62).

¿Por qué fue llevado segunda vez Jesucristo delante del Sanedrín? Porque la sesión nocturna era ilegal, los miembros del gran consejo pisoteaban la justicia, pero aparentaban respetar la legalidad.

¿Qué se hizo en esa sesión? Se volvió a preguntar a Jesús si era el Cristo, hijo de Dios. Respondió: “Lo soy, como vosotros decís” (Luc., XXII, 79). Entonces se confirmó la sentencia da muerte.

¿Podían los Judíos ejecutar esta sentencia por sí mismos? No: habían perdido todo derecho de vida y muerte, desde que el cetro salió de Judá; por lo que era necesaria la intervención del procurador romano, Poncio Pilatos. Por eso condujeron a Jesús al pretorio.

¿Qué hizo Judas cuando supo que Jesús habla sido condenado muerte? Entonces Judas, viendo a Jesús sentenciado, arrepentido de lo hecho, restituyó las treinta monedas de plata a los príncipes de los sacerdotes y a los ancianos, diciendo: Yo he pecado, pues he vendido la sangre inocente. A lo que dijeron ellos: ¿A nosotros qué nos importa, allá te las hayas? Mas él arrojando el dinero en el Templo, se fue, y echándose un lazo se ahorcó” (Mat., XXVII, 3-5).

¿Por qué devolvió Judas las monedas de plata? Judas sólo se proponía en su traición el beneficio que sacó, pensando que Jesús se libraría de las manos de sus enemigos. Pero cuando lo vio condenado a muerte, se llenó de vergüenza y espanto, y no pudo guardar el dinero que le reprochaba su crimen.

¿Qué arrepentimiento fue el de Judas? Fue un arrepentimiento puramente humano. Este miserable, habiendo perdido la fe, no concibió ninguna esperanza de perdón, ni le conmovió el amor misericordioso que le manifestó Jesús la misma noche de su traición. “Amó la maldición y le caerá encima; y pues no quiso la bendición, ésta se retirará lejos de él” (Salmo CVIII, 17).

¿Qué uso hicieron los príncipes de los sacerdotes del dinero de Judas? Estos hipócritas tuvieron escrúpulos de poner este dinero en el tesoro porque era precio de sangre. Según la predicción del profeta Zacarías (Zac., XI, 13), compraron el campo de un alfarero para sepul­tura de los extranjeros; por lo cual se llamó dicho campo Hacéldama, esto es campo de sangre (Mat., XXVII, 7, 8).  

Jesús delante de Pilatos y Herodes 

¿Qué hicieron los enemigos de Jesús para impedir la sublevación del pueblo? Como sabían que el pueblo de Jerusalén, así como muchos forasteros, especialmente los Galileos, amaban a Jesús, los fariseos hostigaron a una multitud hostil, que por la audacia y la violencia debía impedir cualquier oposición a su proyecto. Se puede, pues, suponer que esta multitud siguió a Jesús maniatado desde el palacio de Caifás hasta el pretorio de Poncio Pilatos, prodigándole injurias, burlas y golpes.

¿Por qué los acusadores de Jesús no entraron con Él en el pretorio? Para no contaminarse y poder comer la Pascua. Si hubiesen entrado en la casa pagana del gobernador, habrían contraído una mancha que les vedaba el festín sagrado. En esto, como en muchos puntos, los fariseos agravaban el yugo de la ley.

¿Cómo empezó la acusación? Saliendo Pilatos del pretorio, preguntó qué acusación traían contra Jesús. Los fariseos replicaron:  “Si éste no fuera malhechor, no lo hubiéramos puesto en tus manos”. Esta breve y arrogante respuesta no sufría discusión ni dilación: hubieran querido la simple confirmación de su sentencia, seguida de una ejecución inmediata. El gobernador, poco dispuesto a este papel de ejecutor, les dijo:  “Pues tomadlo vosotros, y juzgadlo según vuestra ley”. Esta decisión tampoco les daba derecho para ejecutar la sentencia de muerte; así que respondieron enseguida:  “A nosotros no nos es permitido matar a nadie”  (Juan XVIII, 29-31).

¿Cómo ordenaba Dios a sus designios la malignidad de los enemigos de su Hijo? Jesús había predicho que moriría en la cruz. Si los fariseos hubiesen aceptado la proposición de Pilatos, de juzgar a Jesús según su ley, no habrían podido infligir a su víctima más que la excomunión o la flagelación, pues no tenían el derecho de vida y muerte. Al insistir para que Pilatos lo condenara a muerte, lo que pedían era la crucifixión. Cumplían, pues, ellos mismos la profecía de Jesucristo.

¿Qué hicieron los acusadores viendo que Pilatos no quería fallar sobre acusaciones de orden religioso? Llevaron la cuestión al terreno político, presentando a Jesús como enemigo de los romanos, y comenzaron a acusarle diciendo: “A éste le hemos hallado pervirtiendo a nuestra nación, y vedando pagar los tributos al César, y diciendo que Él es el Cristo o el ungido rey de Israel” (Luc., XXIII, 3).

¿Qué caso hizo Pilatos de tales acusaciones? Ninguno de las dos primeras, pues sabía que eran calumnias. En efecto: cinco días antes, Jesús había respondido públicamente a sus enemigos que querían sorprenderle:  “Dad al César lo que es del César”.  Pero el título de rey llamó su atención.

¿Qué interrogatorio hizo Pilatos a Jesús?  ¿Eres tú el rey de los Judíos? Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo. Replicó a esto Pilatos: ¿Con que tú eres rey? Respondió Jesús: Así es como dices, yo soy rey. Yo para esto nací, y para esto vine al mundo, para dar testimonio de la verdad: todo aquel que pertenece a la verdad, escucha mi voz. Dícele Pilatos: ¿ Qué es la verdad? y dicho esto salió segunda vez a los Judíos y les dijo: Yo ningún delito hallo en este hombre”  (Juan XVIII, 33-38).

¿Cómo acogieron esta declaración los enemigos de Jesús? Lanzaron contra Jesús una, multitud de acusaciones, y como no respondiera a nada, se encarnizaron más y más contra Él, diciendo: “Tiene alborotado al pueblo con la doctrina que va sembrando por toda la Judea, desde la Galilea donde comenzó hasta aquí” (Luc., XXIII, 5).

¿A qué medio recurrió Pilatos para desembarazarse de Jesús? Oyendo hablar Pilatos de Galilea y sabiendo que Jesús pertenecía a la jurisdicción de Herodes, le remitió a este príncipe que con ocasión de la Pascua se hallaba en Jerusalén. Como estaban enemistados, era esto también un medio de reconciliación.

¿Cómo acogió Herodes a Jesús? Herodes, al ver a Jesús, se alegró en extremo, porque hacía mucho tiempo que deseaba verlo. Le hizo varias preguntas; pero Jesús no le contestaba. No obstante, los príncipes de los sacerdotes y los escribas persistían en sus acusaciones. Entonces Herodes con su corte lo despreció; y habiéndole hecho vestir una túnica blanca, se burló de Él y lo envió de nuevo a Pilatos.

¿Qué hizo Pilatos cuando volvió Jesús? Pilatos reunió a los príncipes de los sacerdotes, a los magistrados y al pueblo, y les dijo: “Vosotros me habéis presentado este hombre como alborotador del pueblo, y he aquí que habién­dolo yo interrogado en presencia vuestra, no he hallado en Él ninguno de los delitos de que lo acusáis. Pero ni tampoco Herodes; puesto que os remití a él, y por el hecho se ve que no le juzgó digno de muerte. Por tanto, después de castigado le dejaré libre” (Luc., XXIII, 13-16).

¿Satisfizo a los Judíos la criminal debilidad de Pilatos? Al contrario, esto hizo que con más instancia pidieran la muerte de Jesús.

¿A qué expediente recurrió entonces Pilatos para librar a Jesús? El gobernador tenía costumbre de conceder, por razón de la fiesta, la libertad de un reo a elección del pueblo. Y teniendo a la sazón en la cárcel a uno muy famoso llamado Barrabás, pre­guntó Pilatos a los que habían concurrido:  “A quién queréis que os suelte, a Barrabás, o a Jesús, que es llamado el Cristo” (Mat., XXVI, 15-17).

¿Qué respondió el pueblo a la pregunta de Pilatos? El pueblo, instigado con rabia infernal por los príncipes de los sacerdotes y los ancianos, pidió a grandes voces que se le entregase a Barrabás y que Jesús fuese crucificado.  “¿Qué mal ha hecho? les dijo el presidente. Mas ellos comenzaron a gritar más, diciendo: ¡Sea crucificado!” (Mat., XXVII, 23).

¿Qué a viso del cielo recibió Pilatos en esos instantes? Estando sentado en su tribunal, le envió a decir su mujer: “No te mezcles en las cosas de este justo, porque son muchas las congojas que hoy he padecido en sueños por su causa” (Mat., XXVII, 19).

¿Qué caso hizo Pilatos de este aviso? Ninguno. Viendo que cada vez crecía el tumulto, ordenó, aunque proclamando la inocencia de Jesús, que fuese azotado. 

La flagelación y la coronación de espinas 

¿Qué circunstancias agravaron este suplicio de Jesús? Las siguientes: 1ª la extrema sensibilidad de su carne virginal; 2ª el estado de agotamiento a que le habían reducido su agonía y los malos tratos que había recibido desde su prendimiento; 3ª el rigor de la ley romana que no limitaba, como la judía, el número de azotes que se podían dar al condenado.

¿Cómo se ejecutó el suplicio de la flagelación? Los encargados de ejecutarlo, después de haber desnudado a Jesús, lo ataron a la columna que para este objeto se hallaba levantada en uno de los ángulos del patio; y luego armándose de azotes lo rodearon, y con rabia infernal lo acribillaron a golpes. Sobre mis espaldas descargaron crudos golpes los pecadores: por largo tiempo me hicieron sentir su injusticia o tiranía” (Salmo CXXVIII, 3) –  “Desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza no hay en él cosa sana, sino heridas, y cardenales, y llaga corrompida que no ha sido curada, ni vendada, ni suavizada con bálsamo” (Isaías, 6).

¿Qué otro suplicio tuvo que padecer Jesús? Después de la flagelación, los soldados del presidente, cogiendo a Jesús y poniéndole en el pórtico del pretorio o palacio de Pilatos, juntaron alrededor de Él la cohorte o compañía toda entera y desnudándole, lo cubrieron con un manto de grana; entretejiendo después una corona de espinas, se la pusieron sobre la cabeza, y una caña por cetro en su mano derecha. Con la rodilla hincada en tierra, le escarnecían, diciendo:  Dios te salve, rey de los Judíos; y escupiéndole, tomaban la caña, y le herían en la cabeza” (Mat., XXVII, 27-30).

Condenación de Jesús 

¿Qué hizo Pilatos para mover a compasión a los Judíos? Sacó a Jesús consigo afuera ensangrentado, destrozado, con la corona de espinas en la cabeza, las manos atadas y el manto de grana sobre las espaldas. Después de repetir por cuarta vez que no hallaba en Él delito alguno les dijo:  “Ved aquí al hombre” (Juan XIX, 5).

¿Se compadecieron los Judíos a la vista de Jesús? No: luego que lo vieron, alzaron el grito, diciendo: “¡Cruci­fícale! ¡Crucifícale!” Díceles Pilatos: “Tomadle allá vosotros y crucificadle, que yo no hallo en él crimen” Respondiéronle los Judíos:  “Nosotros tenemos una ley, y según esta ley debe morir, porque se ha hecho hijo de Dios” Al delito contra el Estado que Pilatos no quiere admitir, sustituyen el delito contra la religión.

¿Qué efecto produjeron en Pilatos las últimas palabras de los Judíos? Lo llenaron de miedo, porque veía algo divino en el acusado, y además, acordándose del aviso de su mujer, temía incurrir en la venganza de Dios.

¿Qué hizo entonces Pilatos? Volviendo a entrar en el pretorio, dijo a Jesús:  “¿De dónde eres tú? Mas Jesús no le respondió palabra. Por lo que Pilatos le dice: ¿A mí no me hablas? Pues ¿no sabes que está en mi mano el crucificarte, y en mi mano está el soltarte? Respondió Jesús: No tendrías poder alguno sobre mí si no te fuera dado de arriba. Por tanto, quien a ti me ha entregado es reo de pecado más grave”  (Juan XIX, 9-11).

¿Por qué era Caifás más culpable que Pilatos? Porque Caifás cometía el pecado con malicia consumada, en tanto que Pilatos era impulsado por el interés.

¿Cómo triunfaron los Judíos de las dudas de Pilatos? Amenazándole con denunciarle al emperador Tiberio:  “Si sueltas a ése no eres amigo del César; pues que cualquiera que se hace rey, se declara contra el César” (Juan XIX, 12). Estas palabras cayeron como un rayo sobre Pilatos: se vio denunciado a Tiberio, temió y fue vencido.

¿No trató aún de salvar a Jesús? Al oír pronunciar el nombre del César, sacó a Jesús consigo afuera; y sentándose en su tribunal, en el lugar dicho en griego Litóstrotos, y en hebreo Gabbataa, Pilatos, cuya conciencia no cesaba de protestar contra la injusticia, dijo a los Judíos:  Aquí tenéis a vuestro rey. Ellos empero gritaban: ¡Quita, quítale de en medio, crucifícale! Díceles Pilatos: ¿A vuestro rey tengo yo que crucificar? Respondieron los pontífices: No tenemos rey, sino al César” (Juan XIX, 13-15).

¿Cómo pronunció Pilatos la sentencia? Viendo que nada adelantaba, antes bien que cada vez crecía el tumulto, se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: “Inocente soy de la sangre de este justo: allá os lo veáis vosotros” A lo cual respondiendo todo el pueblo, dijo:  “Recaiga su sangre sobre nosotros, y sobre nuestros hijos” (Mat., XXVII, 24-25). Entonces les soltó a Barrabás, y a Jesús lo entregó en sus manos para que fuese Crucificado.

¿Qué crimen cometió Pilatos? El de condenar a muerte a aquel cuya inocencia había proclamado, y esto por no desagradar a los Judíos ni incurrir en la desgracia del César.

¿Cómo qué Pilatos, sin saberlo, el oráculo de Dios? Proclamando la santidad y realeza de Jesús, desde su tribunal, en presencia del Sanedrín y de una inmensa multitud de Judíos y extranjeros de todas las naciones, en el día de la mayor solemnidad del año.

¿Por qué han consignado los Apóstoles en su Símbolo que Jesucristo padeció debajo del poder de Poncio Pilatos? 1º porque han querido darnos a conocer de modo seguro un acontecimiento de tanta grandeza y utilidad, señalando de una manera muy precisa la época en que se cumplió. 2º Porque con esas palabras, han querido probar el cumplimiento de la profecía que de sí mismo hizo el Salvador, diciendo: “Y le entregarán (al Hijo del hombre) a los gentiles para que sea escarnecido, azotado y crucificado” (Mat XX, 19).

¿Qué crimen cometieron los Judíos? El de renunciar, por boca de los pontífices, a la realeza espiri­tual del Mesías, declarando que no querían otro rey más que al César. Ellos mismos pronunciaron su maldición, al desear que la sangre de Jesús cayese sobre ellos y sobre sus hijos. 

Sube Jesús al Calvario 

¿Dónde convenía que fuese inmolado Jesús? Convenía que lo fuese extramuros de Jerusalén, para demos­trar que era Redentor de todos los hombres, tanto de los Judíos como de los Gentiles.

¿Cuál fue el lugar de la inmolación? El Calvario, montículo árido llamado Gólgota, situado al nor­oeste extramuros de la ciudad, lugar donde eran ejecutados los ajusticiados. El Gólgota estaba unido con el monte Moria, donde fue conducido Abraham para inmolar a su hijo Isaac.

¿Cuáles fueron los preparativos de la salida? Luego que Pilatos firmó la sentencia, despojaron a Jesús del manto de púrpura y le pusieron sus vestidos. Trajeron tres cruces, una para Jesús, la que probablemente estaba destinada para Barrabás, y las otras dos para los criminales en medio de los cuales debía ser crucificado. Luego se puso en marcha la comitiva.

¿Cómo estaba organizado el cortejo? Al frente, iban el centurión y los soldados romanos encargados de mantener el orden y de ejecutar a los sentenciados; después, un heraldo que llevaba el rótulo en donde estaba escrita la causa de la condenación; a continuación los condenados cargados con su cruz; luego, los pontífices y escribas que seguían a su víctima, cual tigres sedientos de sangre, y por fin, una muchedumbre de pueblo compuesta de curiosos, de personas compasivas y, en su mayor número, de gente sobrexcitada contra Jesús por las calumnias de los fariseos.

¿Pudo llevar Jesús la cruz hasta el Calvario? Jesús, falto de fuerzas a causa de los tormentos, cayó tres veces en el camino del Calvario. Los Judíos, temiendo no pudiese llegar hasta el fin, obligaron a un extranjero a llevar la cruz detrás de Jesús. Dicho extranjero se llamaba Simón, y era natural de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo (Marc., XV, 21), que después fueron fervorosos cristianos de la primitiva Iglesia.

¿Por qué quiso Jesús ser ayudado por Simón Cirineo? Para enseñarnos que su cruz era también la de todos los hombres; por lo que era menester que la llevase Él con los hombres y que los hombres la llevasen con Él.

¿Cuántos encuentros tuvo Jesús en la vía dolorosa? Tres: dos de ellos se han conservado por tradición y el tercero lo cuenta el Evangelio.

¿Cuáles son los encuentros conservados por tradición? 1º El de su Madre Santísima; 2º el de una piadosa mujer llamada Verónica, que a pesar de la muchedumbre, se acercó resueltamente a Jesús y le enjugó el rostro cubierto de sangre y de salivas.

¿Cuál es el encuentro que nos refiere el Evangelio? El de las santas mujeres que lloraban y plañían. Vuelto Jesús a ellas, les dijo:  “Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos” Después de haberles predicho los males espantosos que iban a caer sobre Jerusalén, añadió:  “Si al árbol verde lo tratan así, ¿en el seco, qué se hará?” (Luc., XXIII, 28, 31). Es decir, si el inocente es torturado de esta manera, solamente por haber tomado la semejanza de pecador, ¿cuál será el pago de los pecadores que voluntariamente mueren en su pecado?   

Jesús es crucificado 

¿Qué dieron a beber á Jesús en la cumbre del monte Calvario? Vino mirrado con hiel, brebaje narcótico que por compasión se daba a los ajusticiados, para atenuar el dolor del suplicio.

¿Lo bebió Jesucristo? Lo probó, para gustar la amargura de la hiel, según la profecía de David (Salmo LXVIII, 22); pero no quiso beberlo, para poder sentir mejor las torturas del padecimiento.

¿Cómo se hizo la crucifixión? Después de haber sido desnudado Jesús de sus vestidos, se acostó amorosamente sobre la cruz, como Isaac sobre la hoguera. Con un bautismo de sangre tengo de ser yo bautizado: ¡oh, y cómo traigo en prensa el corazón, mientras que no lo veo cumplido!” (Luc., XII, 50). Enormes clavos cosieron sus manos y sus pies al patíbulo de ignominia, que fue luego levantado y metido en el agujero preparado de antemano. Todo el peso del cuerpo cargaba sobre las heridas de los pies y de las manos.

¿Qué afrenta añadieron a este suplicio? La de poner a Jesús en medio de dos ladrones, como si fuera más culpable que ellos.

¿Qué título hizo colocar Pilatos sobre la cruz? Estas sencillas palabras: “Jesús nazareno, rey de los Judíos” escritas en hebreo, griego y latín, para que todos pudieran leerlas. De esta suerte, al indicar Pilatos la causa de condenación, proclamaba la realeza de Jesús.

¿Qué reclamación le hicieron los pontífices respecto a esas palabras? Pidieron a Pilatos que no escribiera que Jesús era rey de los Judíos, sino que decía de sí mismo: “Yo soy el rey de los Judíos” (Juan XIX, 21).

¿Cómo recibió Pilatos tal reclamación? Contestándoles con desdén: “Lo escrito, escrito”

¿Qué significaba esta respuesta? Dicha respuesta, dictada por el mal humor y por el deseo de humillar a los pontífices, pero en la que se manifiesta la voluntad de Dios, significaba: El que me habéis obligado a condenar a muerte es vuestro Mesías; porque para el pueblo de Dios, decir Rey de los Judíos y Mesías era lo mismo.

¿Qué hay que notar durante la Pasión respecto a la realeza de Jesucristo? Que en medio de las ignominias de la Pasión, la realeza de Jesús estuvo siempre fija en la mente de sus perseguidores. Los pontífices, Pilatos y los blasfemos del Calvario tuvieron siempre en la boca, por designio providencial, las palabras Cristo rey, Rey de los Judíos, Rey de Israel; Herodes, mandando revestir a Jesús la túnica real, y los soldados del pretorio tratándole de rey de farsa, proclamaron, a pesar de sus burlas,  la realeza de Jesús sobre el mundo entero.

¿Qué fue de los vestidos de Jesús? Los cuatro soldados que lo crucificaron tomaron sus vestidos e hicieron de ellos cuatro partes, una para cada soldado: La tú­nica inconsútil, que era de un solo tejido de arriba abajo, no la quisieron dividir, sino que se dijeron entre sí:  “No la partamos, mas echemos suertes para ver de quién será” (Juan XIX, 24 y Salmo XXI, 18).

¿Qué hicieron los soldados después de repartirse los vestidos de Jesús? Sentáronse a guardar a los crucificados, para impedir que se los llevasen antes de morir, de lo que resultó una prueba más de la muerte del Salvador.

¿Quedó satisfecho el odio de los Judíos con haber crucificado a Jesús? Poco satisfechos con su brutal triunfo, persiguieron a su víctima hasta el último instante, prodigándole sarcasmos e injurias, riéndose de su nombre, de su realeza, de sus palabras y de sus milagros.

¿Quiénes blasfemaron de Jesús en el Calvario? 1º Los transeúntes, repitiendo la calumnia esparcida por los fariseos:  “Hola, tú que derribas el templo de Dios y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo: si eres el Hijo de Dios, desciende de la cruz” (Mat., XXVII, 40). 2º Los príncipes de los sacerdotes, los escribas y los ancianos que se decían entre sí:  “A otros ha salvado y no puede salvarse a sí mismo: si es el rey de Israel que baje ahora de la cruz y creeremos en él; pone su confianza en Dios: pues si Dios le ama tanto, líbrele ahora, ya que él mismo decía: Yo soy el Hijo de Díos”  (Mat., XXVII, 42, 43). 3º Los soldados que, aludiendo a la escritura colocada sobre la cabeza de Jesús, se burlaban de Él diciendo:  “Si tú eres el rey de los Judíos, ponte en salvo” (Luc., XXIII, 37). 4º Uno de los dos ladrones que estaba a su lado, el cual le decía:  “Si tú eres el Cristo, o Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros” (Luc., XXIII, 39).

¿Quién inspiraba tales blasfemias? Satanás. Admirado de semejante heroísmo, tentaba a Jesús por boca de estos miserables, para saber si era en realidad el Hijo de Dios. En otra ocasión le había dicho él mismo:  “Si eres el Hijo de Dios, tírate de aquí abajo”. Ahora le dice por boca de sus ministros: “Si tú eres el Hijo de Dios, desciende de la cruz”.

¿Qué hacía Jesús en medio de tales blasfemias? Oraba y padecía en silencio. “Cuando le maldecían, no retornaba maldiciones; cuando le atormentaban, no prorrumpía en amenazas” (I Pedro II, 23).

¿No había más que blasfemos en el Calvario? Jesús se hallaba rodeado también de buen número de per­sonas fieles, quienes, con su compasión, consolaban su vista y su corazón. Se encontraban a poca distancia hombres que cono­cía, y mujeres que le habían seguido de Galilea para servirle (Luc., XXIII, 49). Próximas a la cruz estaban su Madre Santísima, María Cleofé, María Magdalena, Juan, el discípulo amado, y su madre Salomé, todos sumidos en la mayor desolación (Juan XIX, 25).  

Las siete palabras de Jesús en la cruz 

¿Qué fue la cruz para Jesús? Además de ser el altar de su inmolación, fue la cátedra desde la cual continuó dándonos sus divinas enseñanzas.

¿Cuál fue la primera palabra de Jesús? Una oración en favor de sus verdugos y de los pecadores; “Padre mío, perdónales porque no saben lo que hacen” (Luc., XXIII, 34). El pecado es una mezcla de ignorancia y de malicia; pero el Salvador no condena más que la ignorancia, para aplacar la justicia divina. Salvador no condena más que la ignorancia, para aplacar la justicia divina.

¿Cuál fue la segunda palabra de Nuestro Señor? Palabra de salvación para el buen ladrón. Uno de los dos malhechores crucificados junto a Jesús, tocado por la gracia, reprendió a su compañero por sus blasfemias, se acusó a sí mismo proclamó públicamente la inocencia y realeza del Salvador: “Señor, le dijo, acuérdate de mí, cuando hayas llegado a tu reino. Y Jesús le respondió: En verdad te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Luc., XXIII, 42, 43); es decir, en el limbo de los justos, adonde el Salvador descendió algunos momentos antes que el buen ladrón.

¿Cuál fue la tercera palabra? Aquella por la cual hizo donación de su Madre a los hombres: “Mujer, dijo Jesús a María, ahí tienes a tu hijo. Después dijo a San Juan: Ahí tienes a tu madre” (Juan XIX, 26, 27). Juan, al pie de la cruz era ciertamente el representante de todos los hombres, porque aún vivía su madre, Salomé, la cual estaba presente en el Calvario con las demás santas mujeres.

¿Cuál fue la cuarta palabra de Jesús? Un clamor angustioso hacia su Padre quien como si no viese en Él sino un objeto de maldición, le había abandonado en cuanto era posible: “Eli, Eli, lamma sabactani!!; esto es: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mat., XXVII, 46). Jesús experimentó en sí mismo el horror que causa el verse abandonado de Dios, lo que le hizo padecer, durante las tres horas que vivió crucificado, más que todo cuanto podemos imaginar.

¿Por qué decían algunos: “A Elías llama éste. Dejad, veamos si viene Elías a liberarle” (Mat., XXVII, 47, 49)? Porque, ya fuese por ignorar la lengua siro-caldea, ya fuese por burla, tomaron la palabra Eli por el nombre del profeta Elías:

¿Cuál fue la quinta palabra? Aquella por la cual manifestó la sed que le devoraba: Tengo sed” (Juan XIX, 28)?

¿Qué sed era la que tenia Jesús? 1° La sed devoradora que experimentan los heridos cuando han perdido mucha sangre; 2° el celo ardiente de la salvación de las almas y la santa impaciencia de consumar por ellas el sacrificio de su vida.

¿Qué dieron de beber a Jesús? Vinagre, con el cual empaparon una esponja rodeada de hisopo la que colocaron en el extremo de una caña (Salmo LXVIII, 22).

¿Cuál fue la sexta palabra de Nuestro Señor? La que anunció el fin de la redención: “Todo está cumplido” (Juan XIX, 30), es decir: Las profecías se han verificado, el pecado ha sido repa­rado, la tiranía del demonio abatida, y el hombre reconciliado con Dios.

¿Cuál fue la séptima palabra? La que Jesús pronunció al expirar: “Padre mío, en tus manos encomiendo mí espíritu” (Luc., XXIII, 40). Éste fue el último acto de amor hacia su Padre celestial, en quien ponía toda su confianza.  

Muerte y sepultura 

¿Cómo murió Jesucristo? Después de clamar con una voz muy grande: “Padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu”, inclinada la cabeza expiró. El Salvador quiso expirar dando un gran grito, para darnos a conocer que siendo dueño absoluto de su vida, moría libremente, dando a la muerte poder para llevar a cabo su obra Doy mi vida de mi propia voluntad, y soy dueño de darla, y dueño de recobrarla” (Juan X, 18).

¿Qué otros prodigios ocurrieron en la muerte del Salvador? Desde la hora de sexta hasta la de nona (Luc., XXIII, 44), es decir, desde la crucifixión de Jesús hasta su muerte, las tinieblas cubrieron toda la tierra y el Sol se obscureció (San Dionisio, miembro del Areópago de Atenas y futuro discípulo de San Pablo, viajaba entonces por Egipto. Al ver este fenómeno, exclamó; “O el dios de la naturaleza padece, o la máquina del mundo perece”. En tiempo de Tertuliano, se leía todavía en los archivos del imperio romano la mención de estas tinieblas inexplicables). Luego que Jesús expiró, el velo del Templo se rasgó en dos partes de alto abajo, la tierra tembló, se partieron las piedras, los sepulcros se abrieron y algunos de los muertos resucitaron, y se aparecieron a muchos en la ciudad santa. El centurión y los que con él estaban guardando a Jesús se llenaron de gran temor, y decían: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (Mat., XXVII, 54). Todos los que habían sido testigos de este espectáculo bajaban del Calvario dándose golpes de pecho.

¿Qué diligencia hicieron los Judíos respecto a los cuerpos de los ajusticiados? Para que los cuerpos de los ajusticiados no quedasen en la cruz el día siguiente, que era el Sábado más solemne del año, los Judíos rogaron a Pilatos que ordenase les rompiesen las piernas y los quitasen de la cruz antes de la puesta del sol.

¿Cómo ejecutaron los soldados la orden de Pilatos? Cuando llegaron al Calvario rompieron las piernas a los dos ladrones, que aún respiraban; pero como Jesús había muerto ya, no se las quebraron, sino que uno de los soldados con su lanza le abrió el costado, del que salió sangre yagua.

¿Qué hay que notar en esto? En esta circunstancia, contraria a la costumbre, se ve el fiel cumplimiento de la Escritura, que dice: “No le quebraréis ningún hueso” (Éxodo XII, 46) – “Y pondrán sus ojos en mí, a quien traspasaron” (Zac., XII, 10).

¿Qué significaba la misteriosa herida del corazón de Jesús? Significaba: 1° Que siendo ese corazón arca de salvación, necesitaba una puerta como el arca de Noé; 2° que como Jesucristo era el nuevo Adán, la Iglesia, su esposa, debía for­marse de su costado; 3° que siendo el sacratísimo corazón de Dios hecho hombre el depósito de la gracia, de él debía salir el agua, símbolo del bautismo, y la sangre, símbolo de la Eucaristía. 

Sepultura de Jesús 

¿Qué hizo José de Arimatea, una vez que la muerte de Jesús quedó comprobada? Dejando el Calvario, se fue lleno de atrevimiento a pedir a Pilatos el cuerpo de Jesús.

¿Por qué esta diligencia? Porque debiendo los ajusticiados ser enterrados, según la costumbre, junto con los instrumentos del suplicio en el lugar donde morían, se necesitaba un permiso especial para que el cuerpo de Jesús no fuese enterrado con los de los ladrones.

¿Quién era José de Arimatea?  Era hombre rico y principal, justo y bueno. Aunque formaba parte del Sanedrín, no había entrado para nada en la sentencia contra Jesús, de quien era discípulo oculto.

¿Qué acogida le dispensó Pilatos? Pilatos le otorgó lo que pedía; pero extrañado de que Jesús hubiera muerto ya, quiso asegurarse de ello antes de ordenar la entrega del cuerpo, y mandó, al efecto, a preguntar al centurión que estaba de servicio en el Calvario.

¿Cómo se verificó la sepultura de Jesús? Al salir del palacio de Pilatos, José de Arimatea compró una sábana blanca, y Nicodemus, su colega en el gran consejo, discípulo también de Jesús, se proporcionó una confección de mirra y aloe, cosa de cien liotas. Subieron al Calvario juntos y bajaron de la cruz el cuerpo de Jesús. María Santísima que estaba allí con Juan, Magdalena y otros fieles, recibió en sus brazos el cuerpo de su difunto Hijo. Después lo ungieron con las especies aromáticas, lo amortajaron con lienzos y cubriéronle el rostro con un sudario.

¿Dónde colocaron el cuerpo de Jesús? En un sepulcro nuevo de piedra que José de Arimatea había mandado hacer para sí, y estaba en un huerto perteneciente al mismo José, muy cerca del lugar en donde habían plantado la cruz.

¿Cómo cerraron el sepulcro? Tapando la entrada con una gran piedra.

¿Era definitiva aquella sepultura? Dicha sepultura era solamente provisional, pues pensaban, después de haber guardado religiosamente el sábado que comenzaba entonces, volver al día siguiente para embalsamar con más cuidado el cuerpo del Señor. María Magdalena y María Cleofé, después de haber observado cómo habían colocado el cuerpo, volvieron a la ciudad para proveerse de perfumes y aromas con el fin de ir al sepulcro muy temprano al otro día del sábado; en compañía de otras santas mujeres.

¿Por qué quiso Jesús ser sepultado? Para que no se pudiera negar su muerte y su resurrección fuese más gloriosa.

¿Qué precauciones tomaron los enemigos de Jesús relativamente a su sepultura? El mismo Sábado, a pesar de la santidad del día, fueron a ver a Pilatos los príncipes de los sacerdotes y los fariseos, y le rogaron que hiciera custodiar el sepulcro durante tres días con el fin de que no hurtasen el cuerpo. Pilatos les respondió que lo guardasen ellos mismos como quisieran; enseguida se fueron al sepulcro y después de asegurarse de la presencia del cuerpo, sellaron el sepulcro y pusieron guardas.

¿Se corrompió el cuerpo de Jesús en el sepulcro? Jesucristo, para manifestar su virtud divina y con el fin de que no se atribuyese su muerte a enfermedad natural, preservó enteramente su cuerpo de corrupción. “Mi carne descansará con la esperanza. Porque yo sé que no has de abandonar tú mi alma en el sepulcro: ni permitirás que tu Santo experimente la corrupción” (Salmo XV, 9, 10)

Reliquias de la Pasión 

¿Se conservan los objetos que sirvieron para la pasión de Nuestro Señor? La mayor parte de esos objetos han sido conservados por la piedad de los fieles, yen nuestro tiempo, se encuentran expuestos a la veneración en diversas iglesias de la cristiandad.

¿Qué ha sido de la verdadera cruz? Gracias a los cuidados de Santa Elena, madre del emperador Constantino, la cruz de Nuestro Señor fue hallada, en el año 326, enterrada en la colina del Calvario. Milagros estupendos la hicieron distinguir de las de los ladrones. Buena parte de ella fue enviada al emperador Constantino, otra parte se dio a la iglesia de Santa Cruz de Jerusalén, que había mandado edificar en Roma Santa Elena, y la parte mayor se, guardó para la iglesia que la misma santa hizo construir en el Calvario. El año 614, la parte conservada en Jerusalén cayó en poder de Cosroas, rey de los Persas; pero catorce años más tarde, el emperador Heraclio la rescató y la llevó en triunfo a Jerusalén. Ambos acontecimientos se conmemoran en la Iglesia: uno con la fiesta de la Invención de la Santa Cruz, el 3 de mayo, y el otro con la de la Exaltación, el 14 de Septiembre. Con el tiempo se han ido quitando una infinidad de partículas de la verdadera cruz para distribuirlas por toda la cristiandad. San Luis recibió una parte considerable, y la depositó en la Santa Capilla: actualmente se conserva en Nuestra Señora de París.

¿Qué ha sido de los clavos que traspasaron los pies y manos de Jesús? Los clavos fueron hallados juntamente con la cruz y con la inscripción en el monte Calvario. Uno de ellos se conserva en Roma, en la iglesia de Santa Cruz de Jerusalén, y otro en Nuestra Señora de París. Un fragmento adornaba la corona de hierro de los reyes Lombardos, y otro está engastado en la clave de la bóveda del coro de la catedral de Milán. La catedral de Tréveris posee un clavo al cual no le falta más que un pedazo en la punta.

¿En dónde se conserva la inscripción que Pilatos hizo colocar en lo alto de la cruz? En la iglesia de Santa Cruz de Jerusalén, en Roma. Aún se le notan algunos de los caracteres de las diversas lenguas en que fue escrita.

¿Dónde fue a parar la corona de espinas después de la muerte de Jesucristo? Puede creerse que María Santísima conservó tan precioso tesoro y que lo confió a San Juan o a algún otro discípulo del Salvador. En el año 1239, el emperador de Constantinopla, Balduino II, se la regaló a San Luis, que para recibirla mandó edificar la Santa Capilla. Esta traslación se celebra anualmente en París, el 11 de Agosto. La santa corona carece de sus espinas y se encuentra, desde la Revolución, en Nuestra Señora de París. Las espinas han sido distribuidas entre diversas iglesias, donde son veneradas en nuestros días.

¿Qué se ha hecho de la esponja? Una parte de ella está en la catedral de Venecia; otros pedazos hay en Roma en las iglesias de Letrán, Santa María la Mayor, San Marcos, San Silvestre y Santa María in Transtévere.

¿Cómo se ha conservado hasta nuestros días el hierro de la lanza? La santa lanza se conservó primero en la iglesia del Santo Sepulcro, en Jerusalén; pero cuando la invasión de los Sarracenos, fue enterrada secretamente en una de las iglesias de Antioquía. Descubierta por los cruzados, fue llevada a Jerusalén, y poco después, a Constantinopla. En 1492, el sultán Bayaceto la envió al Papa Inocencio VIII, metida en un rico estuche. En nuestros días, forma parte del tesoro de la basílica de San Pedro. La punta de la lanza, que pertenecía a San Luis, se perdió en tiempo de la Revolución.

¿Dónde está el lienzo con que fue limpiado el rostro de Jesús? En el tesoro de la basílica vaticana.

¿Dónde se veneran los vestidos de Jesús? La túnica inconsútil, que había ido creciendo al mismo tiempo que Jesús, se encuentra en la iglesia de Tréveris, a la que fue legada por Santa Elena. Otro vestido de Nuestro Señor hay en Argenteuil, cerca de Paris.

¿Qué se ha hecho de los sudarios y lienzos con que fue amortajado Jesús? Las iglesias de Turín, Besançón, Cadouin (Périgord), la capilla del hospital de Carcasona, la catedral de Oviedo, en España, se glorían de poseer tan preciosas reliquias. Algunas iglesias de Roma guardan pedazos de dichas reliquias.

¿Dónde está la escalera del pretorio? La escalera de ocho peldaños de mármol blanco que subió el Salvador para ir al pretorio, fue transportada a Roma por orden de Santa Elena y colocada en el edificio llamado Escala Santa, cerca de San Juan de Letrán.

¿Dónde se halla la columna de la flagelación? En Roma, en la iglesia de Santa Práxedes. 

Suerte de los culpables 

¿Cuál fue la suerte que corrieron los que se hicieron culpables de la muerte de Nuestro Señor? 1º Judas se ahorcó desesperado. 2° Pilatos, llamado a Roma por haber maltratado a los samaritanos, fue destituido y desterrado a Viena, en el Delfinado, en donde puso fin a sus días. 3° Herodes Antipas y su mujer Herodías fueron desterrados por el emperador Calígula, primero a Lyón y luego a España, donde murieron miserablemente. 4° Caifás, desposeído del pontificado el año 37 por Vitelio, prefecto de Siria, se dio la muerte, en un acceso de pesadumbre. 5° La nación judía fue dispersada por Tito en el año 70 a con­secuencia de la toma de Jerusalén. 

Naturaleza de este misterio 

¿Qué es el misterio de la Redención?  Es el misterio de Jesucristo muerto en la cruz para salvar a todos los hombres.

¿Por qué es un misterio esta verdad? Porque no podemos comprender cómo un Hombre Dios se ha hecho víctima por nosotros y ha ofrecido por nuestros pecados una reparación absolutamente igual a la ofensa.

¿En qué consiste la Redención? En el rescate del género humano por Jesucristo.

¿Cuál ha sido el objeto de elite rescate? El libertarnos de la esclavitud a que nos había reducido el pecado.

¿Cómo se hace esclavo el hombre por el pecado? El hombre al pecar se hace: 1º deudor de Dios, cuya justicia exige una expiación; 2º esclavo y propiedad de Satanás, que lo ha conquistado para el mal. “Todo aquel que comete pecado, es esclavo del pecado” (Juan VIII, 34) –  “Yo soy vendido para ser esclavo del pecado, y por consiguiente del maligno, esto es, de Satanás que Dios hace ejecutor de su justicia” (Rom., VII, 14).

¿Es de fe que Jesucristo nos ha rescatado? Sí: porque dice el Apóstol San Pablo: “Él se dio a sí mismo en rescate por todos” (I Tim., II, 4).

¿Cuál es el precio de nuestro rescate? La preciosísima sangre de Jesucristo. “Habéis sido comprados a gran precio” (I Cor., VI, 20) –  “No fuisteis rescatados con oro o plata, que son cosas perecederas; sino con la sangre preciosa de Cristo como de un cordero inmaculado y sin tacha” (I Pedro I, 18, 19).  

Necesidad de la Redención 

¿Era absolutamente necesaria la Redención? No: la gracia de Dios bastaba para perdonar los pecados; pero queriendo Dios que Su justicia quedase plenamente satisfecha determinó que esta satisfacción la ofreciese un Hombre Dios.

¿Por qué una pura criatura no podía ofrecer esta satisfacción? Por dos razones, según enseña Santo Tomás: 1ª El pecado había corrompido la naturaleza humana entera de modo que el bien de una sola persona, y aun el de varias, no podía compensar equivalentemente el perjuicio sufrido por todas. 2ª El pecado cometido contra Dios es, en algún modo, infinito, a causa de la infinidad de la majestad divina: porque la ofensa es tanto más grave cuanto más elevado esté aquel contra quien se comete.

¿Qué se necesitaba para la condignidad de la satisfacción? Era menester para la condignidad de la satisfacción, que el acto del que la ofreciese tuviera una eficacia infinita; lo que ha realizado en la satisfacción del Hombre Dios, es decir de Jesucristo.

¿Cómo nos ha rescatado Jesucristo? Padeciendo por nosotros como hombre, y dando como Dios precio infinito a sus padecimientos. Jesucristo, como Hijo del hombre, podía padecer por los pecados del hombre; y como Hijo de Dios, podía ofrecer a su Padre una satisfacción plena y entera, conforme al estricto rigor de su justicia.  

Cualidades de la satisfacción de Jesucristo 

¿Qué cualidades tiene la satisfacción de Jesucristo? La satisfacción de Jesucristo es voluntaria, equivalente, super­abundante y universal.

¿Cómo es voluntaria esa satisfacción? Porque se ofreció Jesucristo voluntariamente (Isaías LIII, 7) y dio su vida de sí mismo (Juan X, 18).

¿Por qué es equivalente esa satisfacción? Porque los padecimientos y la muerte de Jesús, en virtud de la unión hipostática, eran los padecimientos y muerte del Hijo de Dios, y por tanto, constituían una reparación igual a la ofensa.

¿Cómo es superabundante esa satisfacción? Porque habiendo podido satisfacer Jesucristo con una sola gola de su sangre: con sus lágrimas, una oración, pues que la menor de sus acciones era infinitamente grata a Dios, ha querido padecer todo cuanto es posible y de todos los modos. “En su mano tiene una redención abundantísima” (Salmo CXXIX, 7) – “Cuanto más ha abundado el pecado, tanto más ha sobreabundado la gracia” (Rom., V, 20).

¿Por que quiso satisfacer Jesucristo superabundantemente? Para demostrarnos el exceso de su amor y merecernos la gracia de santificar nuestros propios dolores y nuestra muerte. “Lo que bastó a la justicia, dice San Juan Crisóstomo, no bastó al amor”

¿Quiénes hicieron padecer a Jesús? Toda suerte de personas: los Judíos, los Gentiles, los príncipes de los sacerdotes, los doctores de la ley, los grandes del pueblo, sus amigos y sus discípulos, uno de los cuales le hizo traición, otro le negó y todos le abandonaron.

¿En qué padeció Jesucristo? Padeció: 1° En todos sus bienes: en su reputación, manchada por la calumnia; en su honor, blanco de las risas y de los ultrajes; en la libertad física siendo entregado al poder de las tinieblas (Luc., XXII, 53); en los únicos bienes que poseía, los vestidos, apropiándoselos los soldados. 2° En todas las partes del cuerpo: en la frente, con la corona de espinas; en el rostro, con las salivas y bofetadas; en las manos y pies, con los clavos; en todo el cuerpo, por la flagelación que hizo de Él una llaga de pies a cabeza. 3° En su alma: tristezas mortales y sobre todo el desamparo en que lo dejó Dios en la cruz. Padeció Jesús hasta con los dolores de su Santísima Madre, a quien la Iglesia aplica las palabras de Jeremías: “¡Oh vosotros, cuantos pasáis por este camino atended y mirad si hay dolor como el dolor mío” (Lament., I, 12).

¿Por qué esta universalidad de padecimientos? Jesús lo padeció todo, porque como era víctima por los pecados del mundo, debía expiarlos todos. “A él solo le ha cargado el Señor sobre las espaldas la iniquidad de todos nosotros” (Isaías LIII, 5).

¿Fueron muy intensos los padecimientos de Jesús? Fueron muy vivos, a causa de la extrema delicadeza de sus óiganos, de la sensibilidad de su corazón y del conocimiento tan perfecto que tenía de las causas que sobre Él atraían tal diluvio de males.

¿Cómo padeció Jesucristo? Sin murmurar ni quejarse, antes bien más gozoso de padecer por los hombres de lo que lo fueron más tarde sus Apóstoles, de los que se dice “que estaban alegres, porque habían sido hallados dignos de sufrir ultrajes por el nombre de Jesús” (Hechos V, 41).

¿Por qué quiso Jesús padecer tanto? 1º Para darnos a conocer el horror infinito que le causa el pecado; 2° Para inspirarnos a nosotros ese horror; 3° Para alentamos con su ejemplo a padecer, con el fin de expiar nuestros pecados y los ajenos.

¿Cómo ha sido universal la satisfacción de Jesucristo? 1º Porque  “Jesucristo ha muerto por todos” (II Cor., V, 15). “Tú has sido entregado a la muerte, y con tu sangre nos has rescatado para Dios de todas las tribus, lenguas, pueblos y naciones” (Apoc., V, 9). 2º Porque ha satisfecho por los pecados de todos. “Él mismo es la víctima de propiciación por nuestros pecados y por los de todo el mundo”(Juan II, 3). 

Virtud del sacrificio del Calvario 

¿Dónde se llevó a cabo nuestra redención? En el sacrificio sangriento del Calvario.

¿Es más excelente el sacrificio del Calvario que los de la antigua ley? El sacrificio del Calvario supera a los de la antigua ley:   1º Por el sacrificador. En la antigua ley, el sacrificador era un hombre mortal y pecador; en el Calvario, es eterno y el Santo de los santos. Poned los ojos en Jesús apóstol y pontífice de nuestra profesión…… él posee eternamente el sacerdocio… A la verdad tal como éste nos convenía que fuese nuestro pontífice, santo, inocente, inmaculado, segregado de los pecadores y sublimado sobre los cielos” (Hebr., III, 1 y VII, 24, 26). 2° Por la víctima. En la ley antigua eran animales; en el Calvario, fue el Hombre Dios. “Jesucristo, por impulso del Espíritu Santo, se ofreció a sí mismo inmaculado a Dios” (Hebr., IX, 14). 3° Por los que intervinieron en él. En la antigua ley, eran los levitas; en el Calvario, fue la Santísima Virgen, quien uniendo sus padecimientos a los de su Hijo, mereció en algún modo el título de corredentora.  

Méritos de Jesucristo 

¿Para quién mereció Jesucristo en su Pasión? Mereció para su propia humanidad y para nosotros.

¿Qué mereció para sí? 1º Con su muerte mereció la resurrección y la ascensión al cielo. 2º Por sus humillaciones y oprobios mereció el ser exaltado y glorificado y tener “un nombre sobre todo nombre” (Filip., II, 9). 3º Por el juicio injusto de que fue objeto por parte del mundo, mereció el poder judicial, en virtud del cual juzgará a todo el género humano (Juan V, 22).

¿Qué mereció Jesucristo para nosotros? 1° Nos libertó del pecado. “Nos amó y nos lavó de nuestros pecados con su sangre” (Apoc., I, 5). 2º Nos rescató del poder del demonio. “Ahora el príncipe de este mundo va a ser lanzado fuera” (Juan XII, 31). 3º Nos libró de la muerte eterna. “El estipendio y paga del pecado es la muerte; empero la vida eterna es una gracia de Dios por Jesucristo nuestro Señor” (Rom., VI, 23)4º Nos reconcilió con Dios su Padre. “Fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo” (Rom., V, 10). 5° Nos devolvió los derechos a la herencia celestial. “Tenemos la firme esperanza de entrar en el Sancta Sanctorum o santuario del cielo por la sangre de Cristo” (Heb., X, 19).  

Aplicación de los frutos de la Redención 

¿A quiénes se aplican los frutos de la Redención? A aquellos y solamente a aquellos que quieren participar de ellos, porque no conviene a Dios el salvarnos sin nosotros o a pesar nuestro. La Pasión es una medicina infalible, pero que es menester tomar voluntariamente para curar. Es un tesoro infinito de méritos, pero del cual es menester tomar voluntariamente, para tener parte en él. “Dios que te creó sin ti, dice San Agustín, no te salvará sin ti”.

¿Nos dispensa la satisfacción infinita de Jesús de satisfacer por nuestros pecados? No: debemos hacer penitencia; pero nuestra penitencia, estéril por si misma, unida por la fe a la satisfacción del Salvador, participa de su eficacia expiatoria y borra delante de Dios la deuda que hemos contraído.

¿Los méritos de Jesucristo nos dispensan de ganar otros nosotros mismos? No: debemos trabajar para merecer el cielo por nuestras buenas obras, que si por sí mismas no tienen ningún valor sobrenatural, por los méritos de Jesucristo se hacen dignas de recompensa eterna

¿Qué significan las palabras, de San Pablo: “Cumplo en mi carne lo que resta que padecer a Cristo en pro de su cuerpo místico que es la Iglesia” (Col., I, 24)? Significan que la Pasión de Jesucristo, considerada en sí misma, sea imperfecta en algo, porque ella ha realizado perfectamente la obra de la reconciliación; sino que, mirándola con relación a nosotros, pide como suplemento nuestra penitencia personal. En otros términos, Jesucristo tiene aún algo que padecer para el perfecto desarrollo de su cuerpo místico, que es la Iglesia; pero no ‘debe padecer en su persona, sino en la de sus miembros.

¿Qué le sucede al que no se aplica los frutos de la Redención? Que hace inútil para sí la cruz de Cristo (I Cor., I, 17). Por consiguiente, se hace esclavo de Satanás, deudor a la justicia divina, y pierde para siempre la patria celestial que le ha reconquistado el Salvador. “Si alguno quiere venir en pos de mí, renúnciese a sí mismo, lleve su cruz cada día y sígame” (Luc., IX, 23) – “Es una verdad incontrastable: que si morimos con él, también con él viviremos: si con él padecemos, reina­remos también con él” (II Tim., II, 11, 12). “Si quieres reinar conmigo lleva la cruz conmigo. Porque solo los siervos de la cruz hallan el camino de la bienaventuranza  y de la luz verdadera” (Imit., de Cristo, Lib. III, Cap. LVI, 2). 

RESUMEN

Preludios de la Pasión.- La resurrección de Lázaro puso el colmo al furor de los fariseos, los cuales resolvieron dar muerte a Jesús después de la fiesta de Pascua. La oferta sacrílega de Judas adelantó la ejecución de sus designios. Cinco días antes de Pascua, Jesús, verdadero rey de Israel, entró triunfante en Jerusalén en medio de las aclamaciones del pueblo. El jueves por la mañana, envió a Jerusalén a Pedro y a Juan para preparar la Pascua, que celebró con sus Apóstoles según el rito tradicional. Durante la cena, les dio lección de humildad y caridad, y agotó todas sus ternuras para ver si lograba salvar a Judas. Al fin de la cena instituyó Jesucristo la adorable Eucaristía y dio a sus Apóstoles el poder de celebrar los divinos misterios. Después les habló de los acontecimientos que iban a cumplirse, de las maravillas de la vida cristiana, de las persecuciones que tendrían que padecer, de la asistencia que recibirían del Espíritu Santo, de su victoria sobre el mundo y de su gloria, que serían la recompensa de sus trabajos.

La Pasión.- Llegado Jesús al huerto de Getsemaní, se apartó de sus discípulos a una cueva para orar. El dolor que le causó la previsión de sus dolores, y sobre todo la vista de todas las iniquidades humanas, de que voluntariamente se había cargado, le hizo caer en agonía tan violenta que sudó sangre por todo su cuerpo hasta correr por tierra. Jesús, a pesar de todo, se entregó enteramente a la voluntad de su Padre. Poco después, se vio rodeado el Salvador por gente armada que venía capitaneada por el traidor Judas, a la que se entregó por sí mismo, después de manifestarles que tenía poder absoluto sobre los hombres y sobre los acontecimientos. Entonces todos sus Apóstoles huyeron, excepto Pedro y Juan, que le siguieron de lejos. Fue conducido Jesús primero a casa de Anás, suegro de Caifás y antiguo sumo pontífice. Durante el interrogatorio, un criado lo ultrajó brutalmente, mientras que en el patio le negaba Pedro por primera vez. Jesús compareció enseguida ante el Sanedrín, donde testigos sobornados depusieron contra Él. Jesús guardó silencio en medio de las acciones falsas; no habló sino para confesar su divinidad y por respeto a la autoridad legítima del sumo pontífice. Su afirmación fue, con todo, calificada de blasfemia digna de muerte. Mientras tanto, Pedro reiteraba sus negaciones; mas habiéndolo mirado Jesús, el Apóstol se convirtió y lloró amargamente. Después de ser condenado a muerte, Jesús fue entregado a los brutales soldados hasta el amanecer. Al día siguiente, fue presentado de nuevo ante el Sanedrín, el cual, para obtener la confirmación y ejecución inmediata de la sentencia, condujo al Salvador al tribunal del procurador romano. Judas, mientras tanto, viendo las tristes consecuencias de su crimen, fue al Templo y confesó la inocencia de su maestro, y después de arrojar a los pies de los pontífices deicidas el precio de su traición, lleno de desesperación fuése y se ahorcó. Habiendo al principio rehusado Pilatos entender en asuntos religiosos, los acusadores de Jesús presentaron a éste como enemigo de los Romanos; pero a pesar de todo, no pudo el procurador encontrar en Él materia de condenación; por esto lo envió a Herodes para no tener que decidir él la suerte del Justo. Herodes, contrariado con el silencio de Jesús, lo trató como loco y lo volvió a Pilatos. Los enemigos de Jesús pidieron a grandes voces su condenación. Pilatos, intimidado, buscó expedientes para librarlo; propuso al pueblo que escogiera entre Jesús y Barrabás, y éste fue el libertado. Enseguida mandó Pilatos azotar a Jesús, esperando que el pueblo se contentaría con este castigo. El Salvador soportó con resignación divina suplicio tan atroz, juntamente con la coronación de espinas y los insultos sacrílegos de los soldados, desencadenados contra Él. Pilatos lo presentó entonces al pueblo; pero como los clamores iban aumentando, fue vencido Pilatos y entregó a Jesús al furor de sus enemigos, después de proclamar su inocencia. Cargado con la cruz, salió Jesús de Jerusalén, y subió al Gólgota. En esta vía dolorosa, el Salvador olvidó sus propios padecimientos para consolar e instruir a los que de Él se condolían. Llegado al Calvario, fue crucificado entre dos ladrones, Mientras Nuestro Señor padecía en la cruz tuvo que soportar las blasfemias de los transeúntes, de los príncipes de los sacerdotes, de los soldados y del mal ladrón. Algunos fieles consolaban el corazón de Jesús: entre ellos estaban su Madre Santísima, María Cleofé, la Magdalena, Juan el discípulo amado, y la madre de éste, Salomé. Desde lo alto de la cruz Jesús elevó al cielo una oración por sus verdugos, pronuncio una palabra de salvación en favor del ladrón convertido, dio a los hombres por madre a María, en la persona de San Juan; luego lanzó un angustioso grito hacia Dios, dio a conocer la sed ardiente que lo devoraba, y después de anunciar que todo estaba consumado, entregó su alma en las manos de su Padre.

La muerte y la sepultura.- Jesús expiró dando un grande grito, para de­mostrar que moría libremente. Prodigios estupendos proclamaron entonces su divinidad. Poco después, los soldados quebraron las piernas a los dos ladrones para apresurar su muerte y poder quitar los cuerpos antes que comenzase el Sábado. Al cuerpo del Salvador lo respetaron; pero su corazón fue atravesado con una lanza, y de él salió sangre y agua: así se cumplieron las últimas profecías. Después lo depositaron en un sepulcro nuevo, cerrando la entrada con una gran piedra. Los Judíos sellaron el sepulcro y pusieron guardas.

Reliquias de la Pasión.- Los objetos que sirvieron en la pasión del Sal­vador se conservan casi todos hasta hoy y se veneran en diversas iglesias de la cristiandad.

Suerte de los culpables.-  Judas, Pilatos, Herodes, Caifás, que tomaron parte en la muerte de Nuestro Señor, perecieron miserablemente. La ciudad deicida quedó arrasada el año 70, por los soldados de Tito, y la nación judía fue excluida de la alianza divina y dispersa para siempre.

Naturaleza del misterio de la Redención.- Es el misterio de un Hombre Dios muerto en la cruz para salvar al género humano perdido por la desobediencia de Adán.

Necesidad de la Redención.- Queriendo Dios que su justicia fuese com­pletamente satisfecha, determinó que esa satisfacción la ofreciese un Hombre Dios. Una pura criatura no podía reunir las condiciones precisas para esta satisfacción. Solamente Jesucristo podía hacerlo.

Cualidades de la satisfacción de Jesucristo.- La satisfacción de Jesús ha sido voluntaria, porque se ha ofrecido libremente; equivalente, porque la reparación ha igualado la ofensa; superabundante, porque Jesucristo, que podía haberla llevado a cabo por una sola de sus acciones, ha querido padecer voluntariamente todo cuanto era posible. Para darnos pruebas de su amor, Jesús padeció sin murmurar ni quejarse, de parte de los Judíos, de los Gentiles, de los grandes, del pueblo, de sus amigos y de sus discípulos; en su reputación, en su honor, en su libertad física en cada una de las partes de su cuerpo y en su alma. La intensidad de sus dolores fue extrema a causa de la delicadeza de sus órganos, de la sensibilidad de su corazón y de la perfección de su inteligencia. La satisfacción de Jesucristo ha sido universal, porque ha padecido por todos los pecados, y ha muerto por todos los hombres.

Virtud del sacrificio del Calvario.- El sacrificio de la cruz, consumado en el Calvario, es incomparablemente más perfecto que todos los sacrificios figurativos, a causa del sacrificador, de la víctima, del lugar del sacrificio y de los que tomaron parte en él. Tiene doble valor: de satisfacción y de mérito infinitos. Por su inmolación, ha merecido Jesucristo para sí y para nosotros. Para sí ha merecido su triunfo glorioso como hombre. A nosotros nos ha merecido el libertarnos del pecado, rescatarnos del poder del demonio, reconciliarnos con Dios y darnos derecho a la herencia celestial. La satisfacción y los méritos de Nuestro Señor no nos dispensan de ningún modo de satisfacer por nuestros pecados y merecer personalmente el cielo. Debemos, pues, participar de los frutos de la Redención uniendo nuestros padecimientos y nuestras acciones a los del Salvador.